19/11/2009

Fatum

Cuando te conocí
hablabas el idioma de los trenes
y las maletas.
El amor vino
como un golpe de rosas.
Como un pañuelo dulce en la garganta.
Como el lento descenso del ahogado.
Y en ese instante supe
que yo era sólo un modo de quererte.

Ahora la ausencia lleva tu vestido de flores,
se pone tus zapatos y camina
en el espejo lúgubre de alguna habitación,
a orillas de la noche que se oxida en los labios.
Te estoy mirando
como otras veces te he mirado.
Con los ojos de aire de los puentes.
Con la dosis de luz de una farola.

Ahora la ausencia.
A oscuras las palabras hablan solas.
Las sílabas pensadas de tu nombre
querrían ser materia.
Los recuerdos se han puesto
tu piel. Yo te acaricio
de oídas, te imagino
a punto de bajar al mercado del hambre,
cruzando sola calles salpicadas de luna.
Calles que están en el fondo del mar.
Calles donde se pierden los zapatos
en un paso de cebra
o una boca de metro.

Tu ausencia es una nube.
Siempre te vas. Me quedo
frente a aquella ventana de alquiler
que daba a una ciudad de gatos milenarios,
fachadas amarillas y sábanas tendidas.

Tu ausencia es un abrigo
lleno de inviernos.

El Cosmonauta

Bitácora de (re)creación literaria

Otras voces, otras habitaciones