16/12/2008

Después del baño

De mayor quiero ser guitarrista, como Paco de Lucía. Yo no me llamo Paco, pero es igual porque mi mamá sí que se llama Lucía. Mi mamá es más vieja que las otras mamás, quiero decir que tiene ocho veces los años que yo tengo (el otro día hicimos la multiplicación, pero ahora no me acuerdo). Mamá trabaja en un sitio que se llama oficina, que es lugar donde los mayores van a trabajar (al principio yo pensaba que era el nombre de una medicina, como el jarabe ese tan malo que me dan para la tos, una cucharada después de cenar). A mí todo eso no me importa, pero no me gusta cuando se meten conmigo en el recreo, y me dicen que si ella es muy mayor para ser mi mamá. Ella me dice que cuando yo sea mayor, voy a ser un gran guitarrista, que practique mucho. Yo le hago caso y me estoy dale que dale toda la tarde, ensayando falsetas. Cuando se me agarrotan los dedos de tocar, mamá me da friegas y besitos en las manos, sana, sana, me dice, y ya no me duelen. Mamá dice que cuando se jubile ya no tendrá que ir más a la oficina y que a ver cómo se las apañan sin ella cuando falte. Yo también quiero saber si puedo jubilarme ya, porque es muy duro tener que ser el mejor guitarrista del mundo, pero esperaré a que se jubile mamá, a ver qué pasa, por si le cambia el color del pelo o algo.

Mi papá hace el taxi, pero no es que lo haga sino que se monta en el taxi y lleva a gente por la ciudad, de paseo o porque llegan tarde a la oficina y no quieren ir en autobús. Me ha prometido que cuando yo sea más mayor me dejará ir con él en el asiento del conductor, para hacerle compañía. Papá de momento no va a jubilarse, porque las personas sólo se jubilan cuando son muy mayores, pero una vez estuvo a punto de dejar el taxi porque tuvo un accidente, se dio un trompazo como en las pelis de coches, me dice, y se abrió la cabeza igual que una sandía, ¿ves?, fíjate, y me enseña la cicatriz, y yo trato de imaginarme una sandía abierta y la cabeza de papá, debió de ser alucinante, yo era muy pequeño entonces. Por eso me dice que es peligroso conducir y que hasta que no me pueda abrochar el cinturón, no puedo acompañarle. Cuando le duele la cabeza, toco flojito para no molestarle. Y también si trabaja de noche, luego se pasa el día entero durmiendo y mamá y yo caminamos de puntillas y hablamos bajito. Pero a veces estamos los tres en el comedor, a ver, me dice, tócate algo, maestro, y yo le toco por alegrías, que me sale bastante bien y él me acompaña con las palmas y mamá a veces se canta algo, aunque no es muy de cantar.

Creo que a papá no le gusta la lluvia, le da coraje salir con el taxi, como ayer con la que estaba cayendo. Él estaba sentado con mamá en la mesa del comedor, afuera estaba muy oscuro, y él no se decidía a salir. ¡Toma, a ver quién es el guapo que sale de casa una noche así, que llovía canicas a puñaos! Entre eso y que hablaban para ellos, yo casi no me enteraba de nada, pero vi a papá levantar un vaso de vino y brindar por la Mari, que al parecer se fue por culpa suya una noche de tormenta, por la Mari, que esa noche sería su cumpleaños, y mamá que no le des más vueltas, Antonio, y él que déjame, que la Mari se ha ido, y mamá que no bebas más, que tienes que conducir, y cuidado no vayas a despertar al niño (pero yo ya estaba despierto, lo que pasa es que llevaba la capa invisible). Me imaginaba a papá teniendo un accidente y abriéndose otra vez la cabeza, ahora se la aguantaba entre las manos y se removía el pelo por donde la cicatriz, a ver si es que las cabezas se pueden abrir como si fueran cajas, yo por más que lo intento no puedo. Y luego que si “el niño” esto y “el niño” lo otro, y ya me tenían intrigado, qué habré hecho yo, si mi misión es portarme bien. Ahí casi me descubren porque se me escapó un suspiro, es que los oía hablar y parecían dos extraterrestres, papá y mamá de otro planeta, me daban miedo, pero como llovía muchísimo no se dieron cuenta y me agaché por si se les ocurría mirar hacia la puerta. Pero ¿y si no fueran mis padres de verdad? ¿Qué hago: entro y les digo que no puedo dormir? ¿Se enfadarán conmigo? ¿Se abrirá la cabeza de papá? ¿Se jubilará mamá allí mismo? Entonces veo que papá se pone a leerle una carta a mamá, vaya horas para leer, debía de ser muy importante porque no se entendía una palabra y además papá leía igual que yo, pero sí decía muchas veces tutela y luego al final, de lo cual doy fe, yo, el excelentísimo señor notario, etc. (el etc. lo ha puesto papá, como diciéndole al señor notario excelentísimo: sí, sí, tú sigue hablando).

Toda la noche he tenido pesadillas: soñaba con notarios y sandías que rodaban y soñaba que me caía de la cama, pero al despertarme estaba en el planeta tierra y tenía a mamá a mi lado, ahora era mi mamá Lucía otra vez y olía muy bien, como las flores secas, y no estaba enfadada conmigo, sólo tenía cara de dormida. Quiero preguntarle a ver qué es lo que tengo que saber, si es mucho ―el niño tendrá que saberlo todo algún día, decían (y dale otra vez con “el niño”)―, y también a dónde se fue la Mari una noche de tormenta, y qué le hizo papá, y si mamá está enfadada porque papá se ve que también la quería (aunque yo los quiero a los dos y no pasa nada). Me gustaría ayudar a buscar a la Mari, aunque no la conozco, y celebrar su cumpleaños. Los cumpleaños están bien porque te regalan cosas, por ejemplo una guitarra. Y a ver qué es la tutela, igual en la oficina de mamá tienen tutelas, no sé… Y para qué sirve. Después del baño, le enseñaré a mamá cómo escribo en letras mayúsculas y también haremos multiplicaciones.

Bitácora de (re)creación literaria

Otras voces, otras habitaciones