24/11/2008

Ambición, aguacate, mano

―Así te aprieta menos, ¿verdad? ―le digo.

Él emite un grito ahogado o un sollozo y sacude la cabeza con furia. Entonces arrimo la silla y me siento delante. Saco la navaja y comienzo a pelar un aguacate. Lo voy pelando despacio, para que él vea cómo lo hago.

―¿Ves? ―le digo.

Él no aparta la vista de mi mano, la que hace girar la navaja. Luego hago una incisión en la pulpa verdosa del aguacate y extraigo el hueso, que cae y se detiene junto a su pie.

―No queda mucho tiempo ―le digo―. Así que tú mismo. Mira. Te voy a contar algo. Es de una importancia vital ―le digo, y no puedo evitar sonreír: vital. Tengo cada ocurrencia.

Él abre más los ojos y deja de agitarse, así que supongo que me escucha atentamente. Todos suelen hacerlo.

—La ambición ―le digo y corto un pedazo de pulpa de un tajo―. La ambición.

Bitácora de (re)creación literaria

Otras voces, otras habitaciones