Escribir con buen gusto
Escribir con buen gusto, en el sentido más elevado del término, equivale a escribir a sabiendas de que una de cada cien personas que nos lean puede estar muriéndose, o puede estar asistiendo a la muerte de un ser querido; equivale a escribir de modo que nadie se suicide, que nadie desespere; escribir, como escribió Shakespeare, de modo que las personas entiendan, sientan simpatía, comprendan la universalidad del dolor y se vean fortalecidas, sino directamente animadas a seguir viviendo. […] todo escritor ha de ser consciente de que puede ser leído por los desesperados, por personas que pueden dejarse inclinar hacia la vida o hacia la muerte. Tampoco pretendo indicar que los escritores deban escribir desde un punto de vista moral, como predicadores. Sobre todo, no pretendo indicar que los escritores deban mentir. Sólo pretendo recomendar que piensen, siempre, en el daño que por mera inadvertencia pueden causar y que también pueden evitar. Si hay algo malo que decir, debe decirlo de manera que refleje la verdad, esto es, que si bien vemos el mal, hemos elegido seguir entre los vivos. El verdadero artista nunca se halla tan perdido en su mundo imaginario como para llegar a olvidar el mundo real, en donde los adolescentes tienen una propensión química a la angustia, las personas de treinta y tantos o cuarenta propenden al divorcio, y las personas de setenta y tantos tienden a la soledad, a la pobreza, a la autocompasión y a veces también a la ira.
John Gardner
John Gardner
2 comentaris:
Me gusta el párrafo. Quizá algún día, quienes intentamos escribir, alcancemos un cierto grado de sabiduría que nos permita aceptar los conflictos, las frustraciones y desengaños en nuestra vida con una normalidad animal y no como injusticias contra un supuesto derecho propio a la felicidad. Las injusticias son otra cosa, algo contra lo que sí cabe luchar. Quizá aprendamos esto y seamos capaces de trasmitirlo en lo que escribimos.
Yo creo que si a veces nos cuesta escribir, y cuando escribimos nos salen textos sin vida, es porque nos miramos demasiado el ombligo: estamos demasiado preocupados por nuestras empanadas mentales (frustraciones y desengaños incluídos) o por las técnicas literarias o por la idea que albergamos sobre la literatura. Literatura es vida, ha de estar viva. Hay que desprenderse del lastre, o aparcarlo, y empezar desde cero, dejarse llevar. Sobretodo, en mi caso, creo que tengo que observar y escuchar más el mundo que me rodea. Esa es la única manera de conectar con los demás y de transmitir algo propio (ya sean las relaciones humanas, o las injusticias que mencionas).
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