20/05/2008

Tres deseos

Un hombre corriente va caminando distraído por la calle y sin querer le da una patada a una lata de coca-cola, de manera que libera a un genio que no llevaba ni siquiera una eternidad encerrado. El genio, que es novato y no está muy seguro de si tiene que mostrarse agradecido por una liberación tan prematura, concede finalmente tres deseos al hombre corriente.

– Pide lo que quieras – le dice poniendo voz altisonante y estentórea – y te será concedido, concedido, concedido…

El hombre corriente, cuya vida es vulgar y rutinaria hasta el cansancio, no se lo tiene que pensar mucho.

– Quiero mujeres atractivas. – dice, recitando las palabras exactas para esta solemne ocasión – Quiero riquezas in-men-sas. Quiero vivir eternamente para disfrutar de las susodichas mujeres y riquezas.

Doscientos cuarenta y siete años y un día más tarde, un hombre in-men-sa-men-te rico y deseado se hincha a beber coca-cola, en busca del genio de la lata que le libere a él.

Bitácora de (re)creación literaria

Otras voces, otras habitaciones