14/05/2008

Sueño

Entonces, ¿cómo podemos saber que esto no es un sueño? —decía Ana. La teníamos rodeada.

– Si no estás segura, pellízcate – le respondíamos con buena lógica. Éramos razonables.

Entonces Ana cerraba los ojos, se retorcía fuerte la piel y apretaba los dientes. Luego abría los ojos y nos miraba con expresión desolada.

– ¿Cómo? – decía, al ver que no nos habíamos ido.

Y para demostrarle cómo, nos abalanzábamos sobre ella y le cosíamos a pellizcos. Chillaba y pataleaba para despertarse.

Ana. Sí, la recordamos. “¿Cómo podemos saber que esto no es un sueño?” Eso decía.

Estaba por ejemplo sola, fumando, la mirada extraviada.

– Hola – era siempre lo mismo – ¿Ya te has despertado, Ana?

3 comentaris:

marina dijo...

sabes? un día soñé que me iba a dormir y soñaba...
fue un sueño muy raro...por suerte sólo ha ocurrido una vez...
No sé por qué pero al leer tu relato me ha venido a la cabeza...

A reveure,
:-)

Carlos Arnal dijo...

Según la lógica de las muñecas rusas, ahora deberías soñar que te despiertas; hasta entonces, me temo que estás prisionera de un sueño...

Amaia dijo...

Ana,feliz coincidencia de un juego!

Bitácora de (re)creación literaria

Otras voces, otras habitaciones