Sueño
Entonces, ¿cómo podemos saber que esto no es un sueño? —decía Ana. La teníamos rodeada.
– Si no estás segura, pellízcate – le respondíamos con buena lógica. Éramos razonables.
Entonces Ana cerraba los ojos, se retorcía fuerte la piel y apretaba los dientes. Luego abría los ojos y nos miraba con expresión desolada.
– ¿Cómo? – decía, al ver que no nos habíamos ido.
Y para demostrarle cómo, nos abalanzábamos sobre ella y le cosíamos a pellizcos. Chillaba y pataleaba para despertarse.
Ana. Sí, la recordamos. “¿Cómo podemos saber que esto no es un sueño?” Eso decía.
Estaba por ejemplo sola, fumando, la mirada extraviada.
– Hola – era siempre lo mismo – ¿Ya te has despertado, Ana?
3 comentaris:
sabes? un día soñé que me iba a dormir y soñaba...
fue un sueño muy raro...por suerte sólo ha ocurrido una vez...
No sé por qué pero al leer tu relato me ha venido a la cabeza...
A reveure,
:-)
Según la lógica de las muñecas rusas, ahora deberías soñar que te despiertas; hasta entonces, me temo que estás prisionera de un sueño...
Ana,feliz coincidencia de un juego!
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