20/05/2008

Miriam

Miriam arrugó en sus manos el garabato ilegible que había dibujado.
Sobre su mesa había un montón de bolas de papel, y ella parecía agobiada.
- ¿Qué estás haciendo, Miriam? – le pregunté.
- Mañana he de ir a renovar el DNI. Odio mi firma.
Hizo otra bola y la arrojó con desgana junto a las demás.
- Yo que tú, intentaría algo sencillo. Prueba escribiendo sólo tu nombre.
- ¡Venga ya, qué simple!
Al día siguiente, Miriam volvió con su nuevo carnet. Su expresión al enseñármelo era todo un poema: se había quedado en blanco delante del funcionario y había firmado con una equis.

Bitácora de (re)creación literaria

Otras voces, otras habitaciones