23/05/2008

Miriam III

Miriam arrugó en sus manos el garabato ilegible que había dibujado. Al otro lado de la ciudad, un hombre cayó muerto en el acto.

Había sacrificado amistades, novio y trabajo, para escribir una novela policíaca, y ni siquiera tenía el nombre del personaje principal. Las bolas de papel se apilaban sobre su mesa. Escribió algo y enseguida hizo otra bola, que fue rodando junto a las demás. Murió otro hombre.

El modus operandi del asesino, la similitud de víctimas y escenarios, intrigaba al inspector Celada.

El último papel, el que Miriam no arrugó, le reveló el nombre buscado. Justo entonces, el inspector Celada carraspeaba y llamaba a su puerta.


Bitácora de (re)creación literaria

Otras voces, otras habitaciones