21/05/2008

Miriam II

Miriam arrugó en sus manos el garabato ilegible que había dibujado, se lo metió en la boca y se lo tragó. Continuó tragando bolas de papel toda la mañana. Las masticaba lentamente, salivando, hasta conseguir una pasta homogénea. Así no se atragantaba. Lo hacía a escondidas, para que sus compañeros de oficina no se dieran cuenta.

La encontraron acurrucada en el lavabo de las chicas, blanca como el papel, eructando una espuma blanca, pobre Miriam, ¿qué te pasa, Miriam?, tómate unos días libres y descansa.

Los compañeros de Miriam volvieron entre bromas al trabajo. Acordaron que, cuando Miriam se reincorporara a la oficina, se esforzarían en ser más amables con ella.

Bitácora de (re)creación literaria

Otras voces, otras habitaciones