Miriam II
Miriam arrugó en sus manos el garabato ilegible que había dibujado, se lo metió en la boca y se lo tragó. Continuó tragando bolas de papel toda la mañana. Las masticaba lentamente, salivando, hasta conseguir una pasta homogénea. Así no se atragantaba. Lo hacía a escondidas, para que sus compañeros de oficina no se dieran cuenta.
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