El dragón
Mejor el dragón que mamá – dije. Todos asintieron, impacientes.
Mamá cosía en la salita. Se iba quedando dormida frente al televisor.
– Ya le hace efecto.
Anochecía. Había un cielo rojizo. Abajo en la calle, unas voces infantiles coreaban: “¡El dragón! ¡El dragón! ¡Ya viene el dragón!"
– Mamá estará bien– añadí, en voz baja. El enano se sorbía una burbujita en la nariz.
– ¿No se enfadará, tete?
– Mamá nos esperará siempre. – le prometí. Miré a los otros. Ninguno estaba triste.
– ¡Plop! – hizo la burbujita.
Nos fuimos deslizando en silencio por la puerta, mientras el enano corría a darle un beso de buenas noches a mamá.

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